Muchas veces, o por lo menos una vez en nuestra vida, hemos experimentado el dolor de la traición. Y ésta nos llega de diferentes formas cuando menos nos lo esperamos.

Y es justo en ese momento, cuando alguien nos traiciona, que nos sentimos violadas en nuestros sentimientos, y devaluadas en nuestra confianza y lealtad ya que estos dos valores: “La confianza y la Lealtad” son sentimientos elevados que todos tenemos derecho de dar y recibir en igual cantidad, de quienes llamamos: “Amigos”.

Pero cuando un amigo nos traiciona, cambia de manera total o alguna manera el valor de la amistad. Muchas veces ignoramos o por lo menos pretendemos ignorar las circunstancias que una traición conlleva en sí misma, todo en una persona cambia, se alteran sus conductas, sus emociones y sentimientos.

Muy difícilmente encontramos a alguien que no haya pasado por algún tipo de esta experiencia tan dolorosa y muchas veces, hasta traumática, nos quejamos, nos sorprendemos, porque es tan difícil comprender que las personas nos fallen, no podemos evitar que nos traicionen o traicionar porque como seres humanos somos falibles, egoístas y hasta desconsiderados.

Por naturaleza somos limitados y estamos expuestos a cometer errores, algunas veces, aunque difícil de acertar y también de aceptar, nos fallan porque también nosotros fallamos de alguna manera.

La traición en sí es dolorosa, y más aún, porque en la mayoría de los casos, nos llega de las personas que más amamos, ya sea un amigo, una amiga, el esposo o de las dos partes. No se piensa en la importancia y el valor de la amistad y dependiendo de la naturaleza de la traición, se perdona la ofensa o simplemente la olvidamos, pero ya nada es igual.

Cuando un amigo(a) nos traiciona dejamos de creer en él, o en ella, o en los dos. La traición es considerada un atentado alevoso y ventajoso a los principios, a la dignidad y a la confianza depositados en las personas que más amamos.

Se genera en los traicionados, una ira, una impotencia y una rabia muy grandes, muy difíciles de asimilar en los primeros momentos, puede producir deseos negativos de agresión y venganza hacia el traidor, a parte de traer consigo, un gran dolor y hasta la pérdida total de la autoestima, humillación, e impotencia que puede fácilmente arrastrarnos a la depresión.

Sabemos que hay un sólo ser en quien podemos confiar total y absolutamente nuestros secretos, nuestras penas sin temor a que sean divulgados, sólo hay alguien que no es limitado ni falible, que no se equivoca nunca y que nos ama infinitamente… DIOS, que nos ama sin egoísmos ni intereses .

Sin embargo, confiamos en los que tenemos a nuestro lado, a quienes vemos y amamos y son estos precisamente, los que nos traicionan, pero ¿Dios?… ¡Jamás!

¿Ustedes que opinan?

Amiga siempre:
Amanecer cautiva del amor.