Un poco de animo llega muy lejos
Algunos de los mayores triunfos que constan en los anales de la Historia son precedidos por una palabra de ánimo o un acto de confianza por parte de un ser querido o un buen amigo. De no haber sido por su esposa Sophia, que tenía mucha fe en que su marido llegaría a triunfar, Nathaniel Hawthorne no se contaría entre los nombres más celebres de la literatura anglosajona.
En cierta ocasión, Nathaniel, volvió a casa descorazonado y le dijo a su esposa que era un fracasado porque acababan de despedirlo de su empleo en la aduana. Pero ella lo sorprendió exclamando con alegría y voz triunfante:
—¡Ahora podrás escribir tu novela!
—Sí —contestó con poca confianza—, pero, ¿de qué viviremos mientras lo hago?
Sorprendido, vio como Sophia abría un cajón y extraía una cantidad considerable de dinero.
—¿De dónde lo sacaste? —preguntó él.
—Siempre tuve la certeza de que tenías talento para escribir —respondió su esposa—. Jamás dudé que algún día escribirías una obra maestra. Por eso, todas las semanas apartaba un poco de lo que me dabas para los gastos de la casa. Con esto nos basta para vivir un año.
La confianza de aquella esposa dio pie a que Nathaniel escribiera La letra escarlata, considerada su obra maestra y un clásico de la literatura estadounidense.
Nido Qubein
—Usted es comerciante, y cuando compro algo me gusta emplear bien el dinero.
Un día, el pordiosero sin piernas no estaba en la acera.
Transcurrió un tiempo y el banquero se olvidó de él, hasta que un día entró a un edificio público y vio sentado en un stand al mismo hombre, el cual ya no mendigaba. Se notaba que era el dueño de aquel pequeño negocio.
—Siempre tuve la esperanza de que viniera algún día —le confió el ex limosnero—. Usted me ayudó mucho a prosperar. Me dijo tantas veces que yo era un comerciante que empecé a verme como tal, y en vez de aceptar limosnas me puse a vender lápices. Y vendí muchos. Usted me devolvió la dignidad. Hizo que empezara a verme con otros ojos.
Randy Stanford
Un día recibió una tarjeta de Navidad. Era de su jefe, que había escrito de su puño y letra: «No sé qué haría sin usted. Gracias por ser tan competente y amable.»
Más adelante, ella comentó:
—Enmarqué la tarjeta y la puse en la pared de mi cocina. Es como un letrero que me recuerda que valgo.
Así pues, mande esa tarjeta que tenía pensado enviar. Escriba una nota a alguien. Brinde palabras de ánimo en el nombre de Jesús. Dé una palmadita en la espalda, conforme le indique el Señor.
Es posible que infunda ánimo a alguien que lo necesite en ese preciso momento.
David C. Egner
La Biblia (1ª a Tesalonicenses 5:11) «Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos» (Proverbios 16:24). «Tu amor me ha alegrado y animado mucho»
(Filemón 1:7, Nueva Versión Internacional). «El mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones y os confirme en toda buena palabra y obra»
(2 Tesalonicenses 2:16-17).
