CUANDO NEGOCIAR NO ES UNA BUENA PALABRA
En las relaciones más significativas lo mejor es evitar el verbo negociar para no caer en confusiones.
Es preferible hablar de acuerdos, de compartir.
Así como hay vocablos que caen en desuso y quedan en boca de algunos que los seguimos usando (denunciando así nuestra edad o nuestro origen), existen palabras que se vuelven populares para definirlo todo, explicarlo todo y solucionarlo todo.
Una de ellas es la palabra negociación.
Haciendo gala de una exagerada popularidad, el verbo negociar se confunde y se sobrevalora, desplazando con desparpajo a sus antecesores a veces más pertinentes.
Muchas veces se llama negociar a dialogar, a someterse, a resignar, a exigir, a ceder, a debatir, a delegar o a dividir responsabilidades, a imponer condiciones o a la búsqueda de acuerdo.
Aprender a negociar es útil, por supuesto, sobre todo en los negocios.
Es allí donde la mutua conveniencia puede significar razonablemente la pérdida de algunos beneficios a cambio de una actitud espejada del otro, que también está allí para hacer SU negocio.
Pero querer extender esto a todos los casos es un peligroso error cuando no una sutil inducción a una manera poco ética de razonar los vínculos.
En las relaciones no comerciales hay poco para negociar. La medida de las relaciones interhumanas no es lo que soy capaz de ceder sino lo que somos capaces de compartir.
No me conforma el enunciado universalmente aceptado de hoy por ti mañana por mí.
Primero porque me gustaría más que pudiera ser hoy por ti, mañana tamb ién y pasado otra vez por ti (¿por qué no?). Segundo, porque lo que te doy no es pasible de ser negociado (en la base de la verdadera ayuda está la gratuidad de lo que doy).
Y tercero porque aún en el caso de que alguno de los dos decida ceder generosamente algo de lo que tiene, voto para que su educación le haya enseñado a diferenciarlo de sus inversiones comerciales, y que sepa que su recompensa ya está.
Nadie debe compensarme por aquello que doy con el corazón, mi recompensa es poder darte y nada hay para negociar.
Esto se vuelve dramático cuando las parejas hablan de negociar maneras de ser y de actuar.
Estrategias para ceder artificialmente a cambio de un gesto equivalente del otro.
Dejar de ser el que soy para forzar a alguien a que renuncie a ser el que es. ¡Un horror!
El paso que propongo es aprender a negociar sólo los negocios, en los conflictos.
En la política si no podemos hallar un acuerdo y en la guerra, sólo para acortar el camino hacia la paz.
En nuestras relaciones más significativas,sería mejor cambiar de verbo para evitar confusiones.
En la amistad, en la familia y en la pareja prefiero mucho más los acuerdos que las negociaciones y siempre las renuncias a los sacrificios.
Me gusta ayudar a quienes me consultan a darse cuenta de lo que tienen ganas de hacer para resolver su desencuentro pero reniego de las frases especulativas que se enuncian desde el "yo haré esto si tú haces esto otro..."
Claro que a pesar de todo prefiero la negociación antes que la imposición del criterio de uno sobre otros. Prefiero la negociación a la violencia, a la mentira o al engaño a la manipulación.
Y cuando negociar sea el único o el mejor camino, habrá que saber si podemos confiar en aquellos con los que negociamos, habrá que ofrecer sólo lo que podemos conceder y no pedir lo que sabemos que no pueden darnos, conscientes de que sólo se puede ceder hasta donde nuestra realidad interna o externa nos lo permita y que en igual condición está el otro.
Por salvar al hijo del zar que se ahogaba en el río, tres campesinos fueron recibidos en el palacio donde el monarca les invitó a elegir su recompensa.
El primero pidió la mano de la princesa, el segundo solicitó poder absoluto sobre su condado y el tercero, después de un silencio pidió solamente una bolsa de monedas. Los otros dos lo acusaron de estúpido y de no saber aprovechar una oportunidad única.
El tercer hombre les dijo:
-Si es intención del Zar darnos algo, que dudo, quiero estar seguro de pedir lo que puede ser que me conceda...(Jorge Bucay)

pablo dijo
Excelente. Estoy de acuerdo contigo completamente, sobre todo en el analisis de la frase "hoy por tí y mañana por tí". aunque parezca simple tu análisis tiene una profundidad filosófica con material para escribir un ensayo o quiza un libro sobre esta frase.
Saludos y te felicito.
16 Enero 2010 | 03:10 AM