Victoria
| De: Victoria
el otro dia escribi pidiendo una receta Gabriel Hola Victoria: No creo que haya recetas que eviten el dolor, pero voy a contarte algo que hace años repetía a mis amigos aquí mismo y ahora he recordado. Ya no escribo como antes, perdí la costumbre y mirando mis viejos e-mails descubro que ahora no acertaré a expresarme como lo hacía entonces. Yo aprendí a vivir con la tristeza sin que me afectase hasta la depresión o ese dolor que no te deja vivir. El corazón me dolía, era como si una mano lo estuviese oprimiendo dentro de mi pecho, sentía un dolor físico y cuando recordaba el motivo de mi pena un cosquilleo me adormecía las mejillas a la vez que esa mano implacable iba oprimiendo el corazón. Quizás mi suerte fue la facilidad que tengo para dejar todo en segundo plano y poder dedicarme a otra cosa, eso me permitía relajarme antes de volver a recordar mi dolor. Pero un día decidí mirar mi estado desde otra perspectiva, dejar de verlo como un problema que hay que resolver. Descubrí que no es un problema, no está en nuestra mano el tener eso que deseamos, lo que en realidad tenemos es un sentimiento diferente al que hasta ahora habíamos sentido. Llámame loco pero yo aprendí a apreciar mi dolor, una vez que fui consciente de que el amor es cosa de dos y cuando lo siente uno solo se transforma en sensaciones diferentes a las que sentimos mientras somos dos los que nos amamos, fijé mi atención en mi dolor y sonreí. El día que entendí que eso que sentía, eso que me dolía dentro de mi pecho era amor me sentí vivo, descubrí que solo los vivos de corazón podemos sentir algo así, era amor no correspondido y dolía, pero yo ya olvidaba el por qué, no soñaba como antes con lo que había vivido o lo que había soñado vivir, ahora ponía mi atención en mi pecho, mi cara, y conseguía sentirme bien, me gustaba ese dolor porque sabía que era el grito de mi corazón expresando sentimientos, comencé a apreciar ese dolor y aceptarlo en mi vida hasta que desapareciese. Años mas tarde me llamó mucho la atención que alguien escribiese algo parecido en uno de sus libros, Gonzalo Torrente Ballester lo expresó de forma mucho mas bella: "En alguna canción olvidada, tal vez en algún poema, se dice que "llueve en mi corazón". Da tristeza, pero una tristeza grata a la que es placentero entregarse. Es un sentimiento difuso, cuyo nombre tal vez no sea el de tristeza. El portugués de sudeade se acerca más a la realidad. O el nuestro de morriña, o de soidade, que yo indistintamente solía usar cuando me hallaba en aquel estado. Nada hay capaz de sacarlo a uno de él, cuando le tiene cogido. La poesía sirve para expresarlo, pero yo la había perdido hacía tiempo y fracasaron mis intentos más recientes de recobrarla. ¿Fue una tarde así, saudosa, morriñenta, que acabó como había empezado, verdadera suspensión del tiempo, que no se siente fluir, quieto en el corazón aunque transcurra en los relojes?. Con el alma vacía, con los sentidos abiertos a la única sensación: de quietud, quén sabe si de eternidad... Pasar de este estado al sueño es como renunciar al paraíso por unos cuantos ensueños inciertos. Los de aquella noche giraron, lentos, ...". No puedo ayudarte en tu pena, creo que nadie puede evitarnos la soledad que sentimos en momentos así, pero te deseo que cuando tu corazón bese tus mejillas y les provoque un cosquilleo consigas sonreir y esa lágrima fugaz te de paz |
|
siempre hay un mañana |
