No existe persona alguna que tenga poder sobre ti. Dentro tuyo, estás tú, tu conciencia y Dios. Observa en lo profundo de tu ser, mírate al espejo y observa cómo te ves, sincérate contigo. La mayoría de los problemas de tu vida están dentro de ti. La primera acción es aceptarlos, la segunda es que tengas ganas de ayudarte a ti mismo.

No pretendas buscar la perfección en ti. Tú eres perfecto, así como eres. Dios sabe de eso, y sabe por qué te hizo así. Seguramente tienes tus pros y tus contras. Debes aceptarte primero, y verás que no estás tan mal. Toma decisiones en tu vida: aún a costa de algunas equivocaciones, es la única manera de reconocerte.

Gana más quien da un paso y se equivoca, que quien, por temor a perder, nunca da el primer paso. De las equivocaciones se puede crecer, si es que de ellas aprendemos la lección. No busques la felicidad en el tiempo: la felicidad es sentirse bien en este momento y principalmente contigo, saber que al final del día has dado todo lo que tenías.

No dejes que se te pase el día sin haber intentado ser feliz; al menos dos o tres veces por día, dedícate cinco minutos: sal afuera si trabajas encerrado y deja que el sol llene tu rostro. No te propongas largas metas, trabaja y vive con pequeños pero continuos ideales, y proponte alcanzarlos. Pueden ser metas semanales o incluso diarias. No dejes que nadie te arruine el día de hoy. Acuérdate, hoy es un día único e irrepetible.

Trata de evitar encuentros con personas que sabes que te lastiman, ellas en definitiva no construyen nada positivo para ti. Rodéate de gente que te contagie optimismo y sé tú uno de ellos: ganarás doble la partida; ya verás, harás sentir bien a alguien y principalmente tú te sentirás bien.

Nuestro crecimiento espiritual no lo habremos de encontrar a través de grandes tratados, sino con el simple hecho de vivir en armonía con todo aquello que decimos profesar. Si buscamos amor, vivamos irradiando amor. Si buscamos paz, transmitamos paz. Si queremos que nos traten bien, seamos nosotros los primeros en tratar bien a quien tenemos al lado. Abramos siempre la puerta de la tolerancia, y practiquémosla. Estemos abiertos todos los días a aprender algo nuevo: es la única manera de crecer espiritualmente.

Limpiemos todos los días nuestros corazones de las injusticias recibidas; perdonemos y aliviaremos nuestra carga.

Para cambiar a los demás, primero debemos cambiar nosotros, nuestras actitudes, nuestro temperamento y nuestro carácter. Todo cambia si estamos dispuestos al cambio. Los fracasos no existen si sabemos mirar más allá del simple hecho y de la acción. Siempre que una puerta se cierra, habrá otra que se abra. Dependerá, como dijimos anteriormente, de si estamos dispuestos a seguir abriendo puertas, si estamos realmente dispuestos a seguir avanzando y encaramos el futuro con seguridad, sabiendo que tenemos nobles propósitos. Verás cómo atraes hacia ti todo lo que necesitas para ese cambio.

Cuando comiences ese cambio interior apoyado en Dios, confiarás en ti mismo, y cuando confíes en ti, confiarás en los demás. Sentirás expandir tu corazón, sabiendo y descubriendo la inmensa capacidad de amar que tienes, y cuando llegues ahí, no te detengas, a pesar de que habrá muchos que intentarán que vuelvas a tu egoísmo para cubrirte y protegerte de algunos dolores que te causarán algunas personas. Todo te vuelve en la vida, dependerá de qué elección tomes para alcanzar ser feliz. Si das amor, recibirás amor. Si emites críticas, éstas te volverán.

No cargues en la mochila de tu espalda el peso de la duda y la indefinición, decídete a realizar cosas. Borra de tu lenguaje la palabra "debería" y ponte a realizar lo que deberías. Seguramente al final del día estarás un poco más cansado físicamente, pero mucho más liberado de tus propias presiones. Ten confianza en ti y ponte a trabajar sobre ello.

Recuerda que no existe ningún tiempo mejor que el ahora, dedícale todo tu esfuerzo al presente. Con ello no tendrás que preocuparte por el pasado que fue, ni tendrás temores por el futuro que vendrá.

Si crees que algo puedes corregir, pues corrígelo, pero deja a cada uno ser a su manera, no intentes cambiar a otra persona, para verla como a ti te gustaría. Cada uno es como es y debemos explorar al máximo nuestra riqueza interior. Si algo no es de tu agrado, simplemente sigue tu camino. Se pierde demasiado tiempo criticando y negando, aprovecha ese tiempo, aunque más no sea para contemplar el paisaje. Somos la esencia del Dios creador, como una pequeña molécula de agua en todo el océano. Tomemos el lugar que nos corresponde en esta vida, sabiendo que todos tenemos los mismos derechos, que nadie es más o menos que tú, tan sólo todos tenemos distintas cualidades y aptitudes.

La vida es la elección que queramos asumir, a nadie le va mal o bien, a cada uno le va como en definitiva elige ir por la vida. Si edificamos sobre roca, nuestra construcción será segura; si edificamos sobre arena... ya sabemos la historia.

Dejemos de poner la excusa de que todo va mal porque todo está mal. Tomemos la iniciativa y cambiemos aquello que vemos mal, no esperemos a que otro lo haga y no nos sentemos frente al televisor esperando ver que sos cambie.

Todo en la vida es una cuestión de actitud.

Lo más fácil y cómodo a la vez es el papel de víctima, porque así podemos endosarle la culpa a los demás. Alguna vez tendremos que asumir nuestras responsabilidades y ponernos a trabajar en serio. Tú tienes el poder de hacer los cambios. Llena siempre tus espacios muertos: eso te mantendrá alegre y entretenido y no dejará que ocupes tu mente en cosas sin importancia.

Como dice la canción: "Hoy puede ser un gran día (...) aprovecharlo o que pase de largo depende de ti". Vivir hoy es una maravillosa aventura. Piensa que nunca volverás a pasar por esa misma experiencia.

FexPer

Tomado del libro "Todo es posible"

Recopilación de Fernando Perfetti