Donde habita el amor
Estamos ya en el mes de febrero, el mes del amor en todo pensamiento y en todo corazón humano, o al menos en aquellos corazones que quieren y pueden celebrar al amor en toda la extensión de la palabra, sobre la faz de la tierra.
Estaba pensando qué afortunado es el señor cupido, que se pasea de norte a sur, de oriente a poniente y tiene sus rinconcitos propios y muy preferidos por las cuatro latitudes del mundo: "Su hogar"
Pero conozcamos todas las habitaciones de ese hogar donde habita el amor:
Vive y habita en cada recámara o cámara nupcial de los matrimonios, de los amantes, y los enamorados en general, tiene su esencia divina en los jardines perfumados del alma, su detonante en los poros de la piel,
sonríe secreto y delicioso ante las posibilidades de conquista, lucha por colarse como la humedad por todas las paredes del pensamiento, y establecerse allí para crear ideales, sueños y planes de supervivencia, ilusión, felicidad y alegría, descansa a veces en el living de su morada más cercana, desde donde se extasía prodigioso en suspiros profundos, mirando las colinas, los valles, las grandes y empinadas cordilleras, o extensiones territoriales de sus más profundos sueños y grandes quimeras. ¡Su lugar más íntimo y preciado para mirar y alcanzar con sus manos todas las estrellas!
Cualquiera de nosotras las mujeres podría extraviarse en el bosque de su vida, ya que el amor es tan exquisitamente delicado, tierno, sublime, noble, delicioso y agradable al alma, tan nutritivo al espíritu, y tan valioso para nuestro más elevado ser interior profundo. Un suspiro, una canción, un recuerdo, un poema, un aroma, una flor, un sol radiante de místico esplendor, son sus más dulces signos vitales y la señal más clara y precisa de que cupido ha entrado a morar en nuestro cuerpo como todo un señor, y no sólo como un huésped... ¡El ha puesto su altar en nuestro corazón!, desde allí canta himnos a la alegría, y sus alabanzas a Dios... ¡Su Creador!
¿Dónde más habita el amor?
En la habitación que ocupa el corazón de nuestros padres, en el cuarto a parte del cariño de nuestros hermanos, en el latido consabido amoroso de nuestras parejas o compañeros de vida, en el sentimiento hidalgo y emotivo de nuestros hijos, en la dependencia paternal tierna, bendecida e inmortal de nuestros nietos, en las muestras de afecto de nuestros amigos, en el intercambio social con nuestros compañeros laborales, en el suelo que sostiene los pasos del mismo amor, en el mismo aire que respiramos, en el agua de los ríos, en el canto de los pájaros, en el vaivén que mueve a las hojas de los árboles, en la sonrisa de los niños, en la sabiduría de los viejos, en la aurora de luz cuando viene llegando la mañana, en las piedras del camino, en las voces de la tierra del campo, en la cosecha de sus verdes sembradíos, en la magia de la fe, en la bandera de la vida y en las olas del mar, que como escarolas vienen llegando una a una hasta sus hermosas playas de ilusión.
Pero en vida amigas queridas, y más allá de la vida, el amor vive y habita en cada corazón, sonríe porque es feliz, ama porque es amor y sueña porque quiere despertar un día de su propia soledad. Por eso sueña y vive cantando, vive soñando en que todos los hombres (y mujeres por supuesto), del mundo volvamos a ser hermanos y podamos llevar nuestro propio amor por los cinco continentes del mundo, y a otros mundos de conciencia universal... ¡Porque el amor es universal! y nos permite conocer cada habitación de sus sueños, incluso aquellos que viven y habitan... ¡Más allá de las estrellas!
¿Ustedes qué opinan?
Con mi respeto y cariño siempre
Doral.

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15 Octubre 2009 | 03:35 AM