¿Por qué haces tanto por esa persona que ni siquiera te agradece y que no merece tu apoyo? Esta es una pregunta que habitualmente me hacen. Aquí te explico en pocas líneas como mantenerte constantemente feliz, salvo uno que otro momento de aflicción inevitable en la vida terrenal.

La fuente de las desilusiones está en la actitud que cada uno de nosotros tenga ante los demás. Si estás esperando que la otra persona te agradezca lo que haces, es muy posible que te desilusiones. Aún cuando la otra persona lo haga, quizás esperes un reconocimiento mayor del que te está dando.

Muchas veces el interés en obtener una respuesta puede disfrazarse de muchas maneras. La mente de cada uno acomoda las circunstancias y habitualmente percibe lo que quiere percibir, pero que no corresponde a la realidad. Obsérvate muy sinceramente si al dar no estás esperando algo del otro, aunque sea una sonrisa, un elogio o si buscas que haya un cambio de comportamiento que a ti te conviene o te agrada.

La felicidad está en ti mismo, en tu capacidad de enfrentar la vida con una actitud positiva. Si das algo de ti a otra persona y lo haces sin esperar nada a cambio, siempre estarás bien. Si el otro no agradece, no importa, porque no lo esperabas. Y si lo hace, mejor. Pero si nada esperas, no te ilusionas. Y si no te ilusionas, no te puedes desilusionar. No es el otro el que te causa una desilusión, eres tú mismo por haberte ilusionado antes.

Cuando damos un premio o recompensa a otra persona, o cuando le manifestamos nuestro agradecimiento o reconocimiento, no debe ser a cambio de lo que hará en el futuro, porque es muy posible que hasta te traicione el día de mañana (esto me ha sucedido muchas veces). Tienes que hacerlo por lo que ha hecho, y no por lo que hará. Cuando hago algo por otra persona, es porque soy feliz sirviendo desinteresadamente. Cuando recompenso a otra persona o cuando le hago un elogio, es por lo que ha sido. No sé lo que será hoy ni menos, lo que sucederá mañana. Pero si mañana toma otra actitud, no me siento desdichado por eso. Mi premio fue por lo que ha sido y de ello no me arrepentiré.

Si quieres ser más feliz, no te ilusiones. No esperes nada de los demás.
Sé también caluroso en tus elogios y otorga reconocimiento a quien cree que se lo merece... por lo que ha sido hasta ahora.