Permite que Dios reconstruya tus sueños
“Por cuanto agradó al Padre, que en El habitase toda la plenitud, y por medio de El reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de Su cruz”. Colosenses 1:19-20
Cuando uno es niño se pone a jugar y construye a su alrededor, lo que para los mayores es un desorden. Para el niño es su reinado, es parte de su propiedad.
Estando en la playa he visto a muchos niños y no niños, haciendo castillos en la arena, cerca del mar, construyendo con su imaginación su propio reino. Otras veces he visto otros niños que con maldad, les rompen sus castillos, y el niño que había construido iba llorando a su papá o mamá, quienes trataron de consolarlo y lo acompañan de la mano a ver sus ruinas. De repente una de esas olas que llegan más allá de las otras, cubre sus ruinas y deja la arena lisa otra vez, el papá o la mamá se sienta junto a El y juntos comienzan a construir otra vez una nueva construcción.
No pude retener este pensamiento en mi mente sin escribirlo al considerar este texto. Porque el mismo drama del cielo cuando Dios tiene que echar a Satanás, tiene que ver con el drama de la cruz y con el drama del Ser Humano. El hombre como el niño (y desde niño lo hace) quiere armar su propio reino, pero el pecado y la maldad están acechando, para arruinarte la vida y traer tristeza a su corazón.
Pero El Padre nos toma de la mano, la sangre de Cristo como la ola viene sobre las ruinas de nuestra vida, cambia el panorama, hace nueva la arena de nuestra vida y comienza a construir con nosotros, una nueva y permanente obra, reconciliándonos con el cielo y dándonos un nuevo proyecto de vida para presentarnos santos, irreprensibles, sin mancha, delante de El.
El está con nosotros para defendernos de todas las acechanzas del maligno, nos dará las fuerzas para soportar y nos promete que “nadie nos podrá arrebatar de las manos de nuestro Padre”. ¡Gracias Señor por reconciliar todas las cosas por la sangre de tu cruz!
¡Señor ayúdame a ser parte de la paz que conquistaste con tu sangre!
Dr. Daniel L. Bustamante.
