NO HAY MAYOR RIQUEZA QUE EL TRABAJO
¡Qué bellas y sabias son las abejas! Cuánta generosidad guardan en su
colmena. La miel que producen endulza las almas de los hombres. Como no hay
egoísmo entre ellas, la pureza habita en su panal. Las flores todas sonríen a su
paso. Trabajan sin horarios y no tienen la preocupación del tiempo y el salario.
Saben que es corta su vida y que deben producir el almíbar de los dioses.
Defienden su magna empresa aun a costa de morir. No temen que apaguen sus
vidas porque la muerte las sorprendería en su labor. A veces me avergüenzan.
Mientras yo me sumerjo en el piélago del tedio, ellas preparan alegremente su
alimento. Su diligencia humilla mi pereza. En su obediencia encuentran los
deleites de la libertad. Sin sumisión vencen la anarquía. Vuelan presurosas de flor
en flor y construyen en el yermo sus jardines. Diríase que los dioses al
condenarlas al trabajo les dan la oportunidad de ser felices. No existe la guerra
entre ellas porque construyen en unión. No conocen el odio, trabajan con amor.
No tienen sindicato, pues no hay explotación. No forman monopolios para tener la
satisfacción de compartir. No ambicionan el oro, porque sabias como son,
comprenden que no hay mayor riqueza que el trabajo. ¡Qué bellas y sabias son
las abejas! Satisfechas están de su labor. Su mayor interés es trabajar y al
compartir hallan su máximo esplendor.
